EMMA: UN FANTASMA VENGADOR
EMMA Antes él no era así. Antes de la oscuridad, el señor Lynch no era una bestia. Era un hombre de temperamento leve, un devoto de la paz que aborrecía los gritos y predicaba la igualdad de géneros. Amaba a Emma con una intensidad que rozaba la adoración; o al menos, eso era lo que él decía, y ella, tras treinta años de un matrimonio "aguantado", elegía creerlo. Se miraban y veían tres décadas de historia compartida, seis hijos casados y la promesa de nietos que la latían en vientres ajenos. Emma era la reina del hogar. Su maquillaje permanecía impoluto tras jornadas de hornear pasteles y tapizar muebles. Era tan perfecta que daba miedo; parecía una criatura de porcelana que no conocía el cansancio ni el peso de los años. Entonces llegó el encierro. Lo que empezó como un cuento de fantasmas sobre un virus lejano se convirtió en una jaula de cemento. Para el señor Lynch, el aislamiento no fue una pausa, sino un catalizador. La rutina lo devoró. El ocio pudrió su amabilidad y...